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Piel sensible y cambios de temperatura: por qué el frío y el calor aumentan la irritación y cómo tratarla

Tratamiento para piel sensible ante frío y calor

Si tienes la piel sensible, los cambios de temperatura, especialmente en épocas como la primavera o el otoño donde las temperaturas fluctúan con facilidad, pueden hacer que notes todavía más esta sensibilidad de la piel.

Pero, ¿cómo es capaz nuestra piel de percibir estos cambios de frío y calor? ¿Cómo afecta cada uno de ellos? ¿Qué podemos hacer para reducir su impacto? ¡Continúa leyendo para descubrirlo!

Cómo percibe la piel el frío y el calor: lo que ocurre en las terminaciones nerviosas

La piel no solo actúa como una barrera protectora frente al exterior; también funciona como un órgano sensorial capaz de detectar constantemente lo que ocurre a nuestro alrededor. A través de miles de terminaciones nerviosas distribuidas en sus capas más superficiales, puede identificar cambios de temperatura, presión o contacto y enviar esa información al cerebro casi de forma inmediata.

Dentro de estas terminaciones nerviosas existen sensores especializados llamados termorreceptores, que actúan como detectores de temperatura. Cuando perciben frío o calor, generan señales nerviosas que viajan hasta el cerebro y permiten que el organismo reaccione de forma automática. Gracias a este sistema, el cuerpo puede activar mecanismos de protección, como conservar el calor cuando baja la temperatura o favorecer la sudoración cuando aumenta.

Muchos de estos termorreceptores pertenecen a una familia de sensores conocida como canales TRP, presentes tanto en las terminaciones nerviosas como en las propias células de la piel. Normalmente solo se activan ante cambios térmicos relevantes, pero en las pieles sensibles pueden volverse más reactivos y responder incluso a estímulos moderados. Por eso, situaciones cotidianas como el viento frío, una ducha templada o un ambiente cálido pueden provocar sensaciones de picor, ardor o quemazón.

Piel sensible al frío: por qué aparecen sequedad, rojeces y escozor

Nuestra piel se comporta como un muro protector que impide, por un lado, que perdamos agua y otras moléculas, y por otro, que entren sustancias que pueden provocar irritación. Este muro está formado por células, que actúan como los ladrillos, y sustancias grasas que las mantienen unidas, como si fuese cemento. 

Las pieles sensibles se caracterizan por tener este muro, o barrera cutánea, debilitada y más fina de lo habitual. Su capa más superficial suele estar alterada, lo que aumenta la pérdida de agua y permite que entre sustancias irritantes con mayor facilidad.  El frío y el aire seco contribuyen a debilitar, todavía más, esta capa protectora. Las bajas temperaturas y la falta de humedad hacen que nuestra piel se deshidrate, y pueden llegar a generar xerosis, piel extremadamente seca, áspera y descamada. 

Piel sensible al frío

Además, ante los climas fríos nuestro cuerpo intenta conservar el calor, para ello reduce el flujo de sangre hacia la superficie de la piel estrechando los vasos sanguíneos; a este proceso se le llama vasoconstricción. Sin embargo, cuando la piel vuelve a calentarse o deja de estar expuesta al frío, los vasos sanguíneos se abren de nuevo de forma rápida para recuperar la circulación. Ese aumento repentino del flujo sanguíneo puede hacer que la piel se enrojezca, que sintamos sensación de calor o incluso escozor. 

Piel sensible al calor: sudoración, ardor y empeoramiento de la reactividad

El calor es otro de los factores que puede contribuir a agravar las sensaciones incómodas en las pieles sensibles. 

Como hemos explicado anteriormente, nuestra piel es capaz de detectar la temperatura a través de los termorreceptores. Normalmente reaccionan ante el calor intenso o sustancias irritantes, pero en el caso de las pieles sensibles, estos receptores se encuentran hiperactivados y pueden dispararse incluso con calor moderado. Esto explica por qué algunas personas sienten picor o ardor simplemente al ducharse con agua templada o al exponerse a ambientes cálidos.

Piel sensible al calor

A todo esto se suma la inflamación. Cuando la piel se irrita, libera señales químicas que forman parte de la respuesta defensiva del organismo. Estas sustancias hacen que las terminaciones nerviosas se vuelvan temporalmente mucho más sensibles al calor y a otros estímulos. Por eso, durante un brote de irritación o después de una agresión externa, la piel sensible al calor puede reaccionar de forma exagerada durante un tiempo, generando una sensación de hipersensibilidad que puede durar horas o incluso días.

El calor también favorece la presencia de sudor sobre la piel. Si este sudor se acumula, puede alterar el pH, favorecer la descamación de la capa superficial y la inflamación. En las zonas de roce, como pueden ser las axilas, las ingles o los pliegues, el sudor puede causar dermatitis, sarpullidos y picor intenso. Intenta mantener siempre la piel limpia y elimina los restos de sudor tan pronto como sea posible. 

Tratamiento de la sensibilidad térmica: cómo reducir la hiperreactividad cutánea

La clave de cualquier rutina para el cuidado de la piel sensible siempre está en la protección de la barrera cutánea. Para ello, la hidratación es fundamental. El objetivo debe ser ayudarla a recuperar su equilibrio y reducir su nivel de reactividad.

En este contexto, resulta especialmente importante utilizar productos formulados específicamente para pieles sensibles o reactivas. En Prospera Biotech llevamos más de 25 años investigando a través del Instituto de Investigación, Desarrollo e Innovación en Biotecnología Sanitaria de Elche (IDiBE) de la Universidad Miguel Hernández para desarrollar las mejores formulaciones para el cuidado diario de este tipo de pieles. 

El aceite dermatológico Nocisens OIL® está diseñado para reforzar la función barrera y ayudar a restaurar la hidratación de la piel sensible y con tendencia atópica. Su formulación contribuye a reducir las sensaciones incómodas, como el picor y el escozor, ya que actúa sobre los receptores de la piel que detectan estas sensaciones. Está enriquecido con aceite de aguacate que nutre intensamente y extracto de avena que refuerza la barrera de la piel, manteniendo la piel hidratada, suave y flexible.

Por su parte, Nocisens INTENSE® está orientado al cuidado de zonas especialmente reactivas o con mayor sensación de picor, ardor o irritación. Su acción calmante ayuda a disminuir la hiperreactividad cutánea asociada a la activación nerviosa e inflamatoria, ayudando a proporcionar alivio en momentos de mayor sensibilidad en la piel reactiva con rojeces.  

Tratamiento de la sensibilidad térmica

Integrar productos específicos dentro de una rutina sencilla, limpieza suave, hidratación diaria y protección frente a agresiones externas permite reducir progresivamente la respuesta exagerada de la piel frente al frío y al calor. Con el tiempo, una barrera cutánea más estable ayuda a que la piel tolere mejor los cambios ambientales y recupere una sensación de confort más duradera.

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Nocisens oil

Referencias

    • Buhé V, Vié K, Guéré C, Natalizio A, Lhéritier C, Le Gall-Ianotto C, Huet F, Talagas M, Lebonvallet N, Marcorelles P, Carré JL, Misery L. Pathophysiological Study of Sensitive Skin. Acta Derm Venereol. 2016 Mar;96(3):314-8. doi: 10.2340/00015555-2235.

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    • Misery L, Weisshaar E, Brenaut E, Evers AWM, Huet F, Ständer S, Reich A, Berardesca E, Serra-Baldrich E, Wallengren J, Linder D, Fluhr JW, Szepietowski JC, Maibach H; Special Interest Group on sensitive skin of the International Forum for the Study of Itch (ISFI). Pathophysiology and management of sensitive skin: position paper from the special interest group on sensitive skin of the International Forum for the Study of Itch (IFSI). J Eur Acad Dermatol Venereol. 2020 Feb;34(2):222-229. doi: 10.1111/jdv.16000.

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