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Eritema en la piel: qué es, tipos más frecuentes y cómo calmar el enrojecimiento en piel sensible

El enrojecimiento de la piel, o eritema, es una de las alteraciones cutáneas más frecuentes y, a la vez, más inespecíficas: puede deberse a algo tan pasajero como el frío o tan persistente como una piel atópica mal cuidada. Conocerlo, identificarlo y entender cuáles son los cuidados más adecuados para tu piel es clave para calmarlo. 

Qué es el eritema y por qué aparece: mecanismo inflamatorio y causas principales

El eritema es el enrojecimiento de la piel que se produce cuando los vasos sanguíneos superficiales se dilatan y llega más sangre de la habitual a la zona afectada. Es una reacción ante un estímulo, ya sea externo (el sol, el frío, un producto cosmético) o interno (una inflamación, una infección, una reacción alérgica).

Entre las causas más frecuentes del eritema se encuentran:

  • La exposición al calor.
  • La radiación, tanto no ionizante (sol, luz ultravioleta) como ionizante (radioterapia).
  • Las reacciones alérgicas o de hipersensibilidad, frente a alimentos, medicamentos, picaduras de insectos o productos cosméticos.
  • Las infecciones, tanto víricas como bacterianas, y otras alteraciones de la piel.  
  • Estímulos físicos, como la presión, el roce o el frío intenso.

El eritema aparece cuando la piel pone en marcha una respuesta inflamatoria frente a un estímulo externo. Las células del sistema inmunitario liberan sustancias como la histamina o las prostaglandinas, que dilatan directamente los vasos sanguíneos cercanos, produciendo el enrojecimiento. Otro mecanismo posible es el llamado reflejo axónico: cuando algo irrita las terminaciones nerviosas de la piel, estas responden liberando neuropéptidos, pequeñas moléculas que utilizan para comunicarse con otras células. En este caso, los neuropéptidos provocan la dilatación de los vasos sanguíneos cercanos, lo que aumenta el flujo de sangre hacia la piel y genera ese aspecto rojizo característico.

Tipos de eritema más frecuentes

No existe una clasificación única y universalmente aceptada de los tipos de eritema. Se pueden clasificar según se atienda a su causa, su aspecto o la enfermedad a la que acompañan. Por eso resulta más útil aprender a reconocer los patrones de enrojecimiento más frecuentes en el día a día.

Uno de los más comunes es el eritema facial de la rosácea, que se manifiesta como un enrojecimiento persistente en mejillas, nariz y frente, y que suele empeorar con el calor, el alcohol, las comidas picantes o la exposición solar. En la dermatitis atópica, el enrojecimiento suele ir acompañado de sequedad y picor, y aparece con frecuencia en pliegues como codos y rodillas, o en la cara en el caso de los bebés. Distinto es el eritema solar, el clásico enrojecimiento por quemadura, que aparece horas después de la exposición y se acompaña de calor y sensibilidad al tacto.

Existen también otras formas de eritema, mucho menos frecuentes, ligadas a infecciones o enfermedades autoinmunes, como el eritema nudoso o el eritema multiforme. Si el enrojecimiento es persistente, doloroso o no mejora con los cuidados básicos, conviene consultar con un dermatólogo para identificar la causa.

Eritema en piel sensible y atópica: por qué estas pieles son más vulnerables

Las pieles sensibles y atópicas comparten un mismo punto débil: una barrera cutánea menos eficaz a la hora de retener agua y protegerse de agentes externos. Cuando esta barrera está alterada, sustancias irritantes o alérgenos penetran con más facilidad, activando unas células de defensa llamadas mastocitos que liberan histamina, dilatando los vasos sanguíneos y provocando el enrojecimiento característico. 

A esto se suma un componente neurosensorial muy característico de la piel atópica. Según un estudio científico reciente, los pacientes con dermatitis atópica tienen niveles más altos del neuropéptido CGRP en sangre, responsable de la vasodilatación que provoca el eritema. 

Cómo cuidar la piel con eritema: rutina para calmar el enrojecimiento y proteger la barrera cutánea

Una rutina diaria constante y adaptada a las necesidades de las pieles sensibles es clave para calmar el enrojecimiento y proteger la barrera cutánea: 

  • Limpieza suave. Utiliza limpiadores sin jabón. Evita el agua muy caliente y el frotado enérgico.
  • Hidratación constante. Aplica cremas o aceites con ingredientes calmantes que ayuden a reparar la barrera cutánea y nutran en profundidad.  Para el cuidado diario de la piel sensible, Nocisens® OIL combina aceites nutritivos de coco, aguacate y girasol con extracto de avena, que refuerza la barrera cutánea, y un ingrediente neurodermatológico patentado que actúa sobre las terminaciones nerviosas para calmar las sensaciones incómodas como el picor o el ardor, que suelen acompañar al enrojecimiento. 
  • Protección solar diaria. Evita la exposición prolongada al sol y usa un fotoprotector de amplio espectro (UVA/UVB) con SPF 50+, incluso en días nublados.
  • Evita los agresores externos. Duchas muy calientes, ambientes muy secos, tejidos sintéticos y cosméticos con fragancias, alcohol o conservantes agresivos pueden intensificar el enrojecimiento.
  • Cuidado neurodermatológico. Cuando el eritema se acompaña de picor, ardor u hormigueo, los productos formulados para calmar el sistema neurosensorial cutáneo pueden ayudar a reducir estas sensaciones incómodas. En este sentido, Nocisens® INTENSE es una crema neurodermatológica concentrada formulada para pieles sensibles y atópicas. Contiene ácidos grasos que hidratan en profundidad, junto con un ingrediente neurodermatológico que ayuda a calmar el picor, siendo especialmente útil en zonas propensas a brotes recurrentes.

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Recuerda que si el enrojecimiento es intenso y no mejora, se acompaña de dolor, fiebre u otros síntomas generales, lo más recomendable es consultar con tu dermatólogo para identificar la causa concreta y recibir el tratamiento adecuado.

Referencias

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