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Nobel de Medicina 2021 para los descubridores de los receptores de la temperatura y el tacto

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Suecia decidió que el Premio Nobel de Fisiología o Medicina recayese en los doctores David Julius y Ardem Patapoutian «por sus descubrimientos de los receptores de la temperatura y el tacto«.

En ocasiones resulta complicado entender porqué este premio es merecido y eso es exactamente lo que os vamos a explicar. Empecemos desde el principio, abordando los conceptos que rodean a la sensación de dolor.

La capacidad de detectar estímulos dañinos o nocivos es esencial para la supervivencia y el bienestar de los seres humanos y los animales. Si no detectásemos el malestar que produce un objeto punzante, el calor de una llama o incluso el dolor asociado con lesiones internas, como un hueso roto, no adoptaríamos medidas de protección para evitarlos y, en ocasiones, podríamos poner en peligro hasta nuestra propia vida.

Para comprender los mecanismos que provocan dolor hay que investigar las proteínas y los tipos de células que están implicadas en la sensación normal del dolor.

Empecemos entendiendo a qué se denomina nocicepción. Este concepto hace referencia al proceso por el cual nuestras neuronas codifican y procesan los estímulos nocivos. Esta nocicepción puede darse a nivel cutáneo, visceral, muscular y articular. Los nociceptores son estas neuronas, células sensoriales, especializadas en detectar estos estímulos físicos y químicos nocivos.

Como sabéis, en PROSPERA BIOTECH trasladamos los conocimientos científicos a la aplicabilidad de éstos en el campo de la formulación cosmética y, concretamente, la nocicepción cutánea es nuestra especialidad. Así pues, os vamos a enfocar la importancia de las investigaciones de ambos ganadores del premio Nobel en la nocicepción cutánea y, más concretamente, en las proteínas (receptores) que se encuentran localizadas en los nociceptores que inervan la piel. Estas proteínas son las responsables de detectar los estímulos externos nocivos de temperatura y tacto y, sobre todo, que reaccionemos ante ellos.

Los nociceptores cutáneos son un grupo de neuronas cuyos cuerpos celulares se encuentran localizados en los ganglios de la raíz dorsal, en el caso del cuerpo, y en el ganglio trigémino, en el caso de la cara. Desde estos ganglios las neuronas extienden prolongaciones (axones) hacia la piel.  Es en la piel donde estos nociceptores, en condiciones normales, se activan sólo cuando las intensidades de los estímulos son nocivas como, por ejemplo, temperaturas extremas, ya sean temperaturas frías (por debajo de los 15 oC) o calientes (por encima de los 40 oC), presiones intensas y sustancias químicas irritantes que producen un daño potencial o real.

¿Y quien es el responsable de detectar las temperaturas nocivas por encima de los 40 o C? Pues una proteína a la que se denomina receptor de potencial transitorio vaniloide 1 o TRPV1, al que también se le conoce como el receptor de la capsaicina, el ingrediente picante de los chiles. Y es aquí donde uno de los premios Nobeles aparece. El Dr David Julius fue el primero en clonar y caracterizar la función de TRPV1. Gracias a estas investigaciones, y a las que se realizaron posteriormente, conocemos, no solo los procesos por los que el cuerpo a través de TRPV1 detecta los estímulos que producen dolor (como la capsaicina, el calor y el ácido) sino también la sensación de picor en la que también está implicada este receptor. Es por eso por lo que en PROSPERA BIOTECH hemos formulado nuestra línea NOCISENS empleando moléculas activas dirigidas a modular la acción de TRPV1 con el fin de aliviar la sensación desagradable de picor, escozor o dolor cutáneo que sufren las pieles sensibles.

Por último, y no menos importante ¿cuál es la proteína que se encuentra en nuestros nociceptores cutáneos implicados en la sensación del tacto? Pues, concretamente, dos proteínas, denominadas Piezo1 y Piezo 2 y que se denominan receptores mecanosensibles. Fue el Dr Patapoutian y su grupo los primeros en descubrir esta familia de canales que se activan por la sensación táctil, el dolor táctil y la propiocepción (proporcionan al cuerpo la información necesaria para producir un movimiento coordinado).

Como podéis comprobar, la aportación de ambos investigadores al entendimiento de los procesos que rodean la sensación del dolor, ya sea producida por la temperatura o el tacto, ha sido muy importante no sólo a nivel fisiológico sino también farmacológico al identificar las dianas terapeúticas para el tratamiento este.

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