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Piel sensible

Pieles sensibles: qué son y cómo cuidarlas

Rojeces en la piel que aparecen sin motivo aparente, molestos picores recurrentes, sequedad, pequeñas lesiones o sensaciones incómodas que se manifiestan con los cambios de temperatura…Seguro que a más de uno todo esto le resulta familiar, y es que cada vez hay más gente que afirma tener la piel sensible. En el post de hoy vamos a hablar de lo que es la piel sensible, los factores que la propician y como cuidarla.

El foro internacional para el estudio del picor definió recientemente la piel sensible como un síndrome caracterizado por la aparición de sensaciones molestas (picor, ardor, escozor, hormigueo o dolor) en respuesta a estímulos que no deberían provocar molestias. Estas sensaciones no pueden ser atribuidas a lesiones causadas por enfermedades de la piel. La piel de las personas que sufren estas molestias puede permanecer intacta, lo que dificulta el diagnóstico, o presentar signos de irritación como eritema, inflamación, erupciones o ronchas (1). La subjetividad de algunos síntomas ha propiciado que muchos estudios actuales recurran a cuestionarios para la detección de nuevos pacientes.

La cara es habitualmente el lugar del cuerpo en el que la mayoría de las personas reportan padecer piel sensible. Esto puede deberse al hecho de que la piel en esta zona es más fina, a la gran cantidad de productos que se utilizan en ella o a la elevada densidad de terminaciones nerviosas que la pueblan. De hecho, los pliegues nasolabiales se consideran las áreas más sensible de la piel. No obstante, las manifestaciones de la piel sensible pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo siendo también habituales en manos, pies, cuero cabelludo, cuello o espalda (2).

Las molestias asociadas a la piel sensible pueden aparecer sin motivo aparente, aunque en muchas ocasiones se han relacionado con el ciclo menstrual, cambios en las condiciones meteorológicas, estrés, uso de productos de cosmética o de higiene personal o contacto con tejidos.

Aunque tradicionalmente se pensaba que la piel sensible era una condición que afectaba a una pequeña proporción de la población, estudios recientes están demostrando una prevalencia elevada, sobre todo en países industrializados. A modo de ejemplo, en Estados Unidos, Japón o Europa la mayoría de las mujeres encuestadas afirman tener la piel sensible (3). A pesar de que la idea generalizada es que la piel sensible se da más a menudo en mujeres que en hombres, no está claro que existan tales diferencias, probablemente debido al aumento del uso de productos de cosmética masculina (3, 4).   

Las posibles causas que originan estas reacciones en la piel están siendo ampliamente estudiadas. Algunos expertos sugieren que esta hiper-reactividad se da más comúnmente en personas que tienen una capa córnea más delgada. Esto facilitaría que los compuestos químicos solubles presentes en productos de higiene o cosméticos lleguen a capas más profundas de la piel causando daños. (5). Otros autores apuntan a que el sistema inmune innato desencadena una reacción inmune anormal en algunas personas que desemboca en los síntomas de la piel sensible (6). Aunque ambas teorías pueden ser ciertas, no llegan a explicar completamente la fisiopatología de la piel sensible.

Como ya hemos comentado en entradas anteriores, la piel está formada por todo un entramado de terminaciones nerviosas que permiten que este órgano pueda interaccionar con el medio externo. Los desequilibrios del sistema nervioso periférico desembocan en sensaciones de picor, ardor, hormigueo o dolor. Teniendo en cuenta que estas molestias son las típicas que padecen las personas con piel sensible, cada vez son más los estudios que apuntan a que la causa de la piel sensible pueda ser una alteración de los canales nociceptores. Esto explicaría, por ejemplo, porque muchas de las personas que padecen piel sensible declaran que ante determinadas situaciones de estrés (en las que el sistema nervioso juega un papel esencial) sufren un aumento de los síntomas o porque aumenta la sensibilidad cutánea con la edad, conforme las terminaciones nerviosas de la piel van deteriorándose por envejecimiento (3,7).

Debido a que el diagnóstico y el estudio de la piel sensible como síndrome en sí mismo no empezó a estudiarse hasta avanzado el s.XX, la recomendación general para tratarlo suele ser mantener la piel bien hidratada, no usar productos que puedan ser agresivos con nuestra piel y protegerla del sol. Cuando los síntomas son muy molestos o afectan a la calidad de vida de las personas que los padecen se recurre a medicación tópica con corticoides. Sin embargo, la ciencia avanza a pasos agigantados y gracias a la investigación en los mecanismos moleculares que regulan el sistema nervioso periférico en Prospera Biotech estamos desarrollando un producto neurocosmético que actúa a nivel de los canales nociceptores y que es altamente eficaz para el cuidado de las pieles sensibles. 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Misery L, Maibach HI. Editorial: Pathophysiology of Sensitive Skin. Front Med (Lausanne). 2020;7:159. Published 2020 Apr 28.
  2. Saint-Martory C, Roguedas-Contios AM, Sibaud V, Degouy A, Schmitt AM, Misery L. Sensitive skin is not limited to the face. Br J Dermatol. 2008;158(1):130‐133.
  3. Berardesca E, Farage M, Maibach H. Sensitive skin: an overview. Int J Cosmet Sci. 2013;35(1):2‐8.
  4. Farage MA. How do perceptions of sensitive skin differ at different anatomical sites? An epidemiological study. Clin Exp Dermatol. 2009;34(8)
  5. Ohta, M., Hikima, R. and Ogawa, T. Physiological characteristics of sensitive skin classified by stinging test. J. Cosmet. Sci. Soc. Jpn. 23, 163–167 (2000).
  6. Yamasaki, K. and Gallo, R.L. The molecular pathology of rosacea. J. Dermatol. Sci. 55, 77–81 (2009).
  7. Kueper T, Krohn M, Haustedt LO, Hatt H, Schmaus G, Vielhaber G. Inhibition of TRPV1 for the treatment of sensitive skin. Exp Dermatol. 2010;19(11):980‐986.
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